De Letras Mágicas es un blog de cuentos, relatos y pequeñas historias que quedaron abandonadas por ahí. Perdidas y olvidadas. Para leer de pasada. En un descuido. En el colectivo de vuelta a casa o mientras esperas el taxi. Si andas con algo de tiempo y ganas de leer. Te invito a visitar De Letras Mágicas.

domingo, 11 de abril de 2021

Viajera del futuro




Me dijo que venía del futuro. Un futuro donde el contacto humano ya no existía. Eso me dijo después de que intente estrechar su mano como saludo y me rechazo con algo de torpeza.

Recién salía del trabajo y me la encontré en una plaza que había cerca de mi casa.  Se puso delante mío y tal vez usando algún artilugio del futuro, me obligo a quedarme con ella. Tal vez solo fue su perfume. Ange Ou Demon el mismo que usabas vos.

Tenía puesto un enorme casco plateado que parecía una de esas bolas de espejos que hay en hay en los boliches.

Su cuerpo parecía pintado de plateado, ella me dijo que era un traje. A mi parecía que era pintura. Lo pensé al ver sus pechos accidentalmente. 

Este traje resiste los viajes en el tiempo. 

Eso me dijo la viajera del futuro. La mire con detenimiento buscando algún cierre o botón, y en su piel plateada se podían ver pequeños vellos. 

Este traje plateado refleja la luz de la luna y me camufla. Me dijo.

En las noches de luna llena era invisible. Justo ahora unas nubes se habían devorado a la luna de un bocado. Así que podía verla y sentir el calor de su piel traje cerca de mí.

En pocas palabras me dijo que venía del futuro. Que no podía decir más de 120 palabras por día. Y que si lo hacía recibía una descarga eléctrica que causaba mucho dolor. Justo en la espalda tenía un chip que la conectaba con el mundo futuro y la reprimía. Me mostro en el cuello una de esas marcas que recibía como castigo y para mi más que descargas eran las mordidas de un vampiro.

En el futuro la vida virtual es la única vida y el contacto humano ya no existe. 

No por una prohibición del gobierno, sino porque ya no tenía sentido. 

Aquella había sido una auto imposición de la gente que ya no podía despegarse de las pantallas.

Le pregunte un poco más sobre el futuro.

No hace falta saber de dónde vengo, pronto vas a estar ahí. Lo único que importa es mi misión. Me dijo, además, ya no le quedaban palabras, ni tiempo.

La vida pasaba antes sus ojos en aquel enorme casco que tenía prohibido quitarse. Aunque ahora iba a quitárselo frente a mi poniendo en riesgo su vida.

Se había escapado por qué quería sentir el contacto humano. Y me preguntó que se sentía besar. Y justo me pregunto a mí que hace tiempo tampoco lo sentía. De alguna manera sentí la misma curiosidad que ella.

La invite a mi casa. Le dije que estaban por dar una de Tarantino en la televisión. Creo que también me quedaba media botella de un Malbec en la heladera.

Movió la cabeza hacia los lados y recordándome que no tenía tiempo. 

Luego hizo un mohín con los labios insistiendo en que solo quería un beso.

Un beso. Y me lo venia pedir a mí que aun sentía tus labios quemarme.

Dolidos por tu ausencia, la distancia y el tiempo. 

Viajera del futuro. Brillando como la luna. Estabas cerca mío, pero tu corazón a miles de kilómetros, pronto partirías y solo tenía tiempo para darte un beso. ¿Podría en un solo beso darte lo que buscabas?

Lo que habías venido a buscar tan lejos y arriesgando tanto.

En el cielo las nubes empezaban a regurgitar a la luna.

Ella se acercó y se puso justo frente a mí. Se quito el casco y su belleza plateada se fundió en mi cuerpo. Como la luz de luna que se funde en un lago y se hacen uno. Como plata liquida, hervida y vertida en mi corazón.

Por unos instantes fui parte de aquel futuro lejano y también de este presente igual de lejano para mí.

Mis manos instintivamente se colocaron en su cintura.

Sentí su piel o su traje. Ya no supe distinguir nada más.

Nos miramos a los ojos. Le pregunte su nombre y me reprobó con su mirada.

Ya sé, ya se. No hay tiempo. 

Le di el peor beso del mundo, pero le di el mejor beso que pude haber dado en todos mis años de derrotas amorosas y si por mi hubiera sido. Aquel hubiera sido el último beso que hubiera dado en mi vida.

Ella tenía los ojos cerrados, y cuando los abrió miro hacia el cielo. Miro la luna.

No dijo nada. Tal vez ya había superado sus 120 palabras y no quería sufrir una descarga eléctrica.

La luna ahora era libre y su brillo impacto en el traje de la viajera del futuro que de a poco fue empezando a desaparecer. 

Pude ver por última vez sus ojos. Vi un poco de tristeza. Pero una pequeña sonrisa se dibujaba en su rostro. Estoy seguro de que sonrió y fue la última vez que la vi.

Viajera del futuro. No querías vivir en el futuro. Buscaste un presente en el pasado. Se que no era lo que buscabas. Mis labios no eran los que buscabas.  Pero nos encontramos. Como se encuentran dos labios bajo la luna y se besan.

Me fui a casa ver la película de Tarantino y me terminé la media botella de Malbec. Mientras miraba la luna por la ventana y pensaba en el futuro.




El dibujo es del Dr. Vasco. Con sus tintas y magia le dieron vida a la viajera del futuro.








 




martes, 30 de marzo de 2021

La otra vos

 

La otra vos. Es la que me llama con dulce voz y me promete el cielo con las nubes. La lluvia y millones de gotas para calmar mi sed. Me promete el sol y todo lo que hay mas allá. Mucho más allá.

La otra vos aparece cuando todo se van. Cuando nadie mira. Se me acerca y me habla con ternura. Me hace reír y calma todos los dolores del mundo. La otra vos es esa preciosa canción oculta.

La otra vos solo la conozco yo. Se oculta de ojos y voces.

Se aleja cuando todos hablan y se quejan. Cuando se alteran y putean. La otra vos esta limpia de todo mal y rencor.

Me pide un poco y le doy todo lo que tengo. Lo que no tengo y lo que debo. Me da la mano y me lleva a un costado. Ahí somos felices. Me abraza con suavidad. Me acurruca y me acaricia. 

Me convierte en su secreto. Me guarda en su corazón.

Me roba un beso cuando nadie nos ve. La otra vos es solo mía.

La otra vos solo quiere lo que yo quiero. Y yo solo te quiero a vos.













miércoles, 13 de enero de 2021

Viejas tardes de futbol




Viejas tardes de fútbol. Como ayer. Tardes de fútbol. Hoy. Con Felipe. Mi hijo. Nueve años y monedas. Lo miro. Me veo a mí. Con esa edad. Con esa inocencia. Lo veo a él, me veo a mí.

Veo mí rostro en el reflejo del agua mientras le doy un trago.

Pienso en mis años. En los que tengo. Los que dice que tengo el documento.

Pienso en los años. En el tiempo. Ese viejo soberbio al que nadie puede derrotar. El viejo tiempo, con cara sobradora me dice que ya no soy ese niño.

Y estoy ahí. Pisando una cancha de fútbol. Siento el olor a tierra y pasto. Siento el viento y el sol en la cara transpirada. Me pongo a correr detrás de la pelota. Tiró unos pases con mí pequeño. Corremos. Reímos. Gritamos goles creyendo que estamos en el estadio Azteca. Estamos agitados. Nos refrescamos.

Volvemos a correr detrás de la pelotas. No recuerdo a mi viejo yendo a jugar conmigo. No, no lo culpo de nada. A mi viejo lo quiero. Mucho. Quizás mi hijo alguna vez piense en este día. Quizás lo sienta de la misma manera. Quizás lo recuerde con el mismo cariño. Seguimos corriendo un rato. Nos reímos. Nos abrazamos. Nos vamos a casa.

Pienso en mis años. Pienso en el viejo tiempo. No importa lo que diga, ni lo que diga el documento. Ahí en la cancha sigo siendo ese niño. Por siempre.

Siempre que la pelota siga rodando.





 



miércoles, 9 de septiembre de 2020

La reina en el palacio vacio

 

Escuchaba sus pasos mientras caminaba. Podía escuchar su respiración.

Todo estaba en silencio. Un silencio que la asusto.

Hace rato que venía arrastrando el alma. La arrastraba por su palacio. Se puso a buscar. No había nadie. Se habían ido.

Se habían olvidado de ella.

La hermosa reina en su palacio se sintió triste. Así que se durmió. Por minutos que fueron horas. Por años que fueron siglos. Cerro los ojos y se durmió para no despertar y dejar de estar sola.

Y el palacio fue una prisión.

La reina fue presa de un hechizo que la mantuvo cautiva en una rutina divina. En aquel palacio se olvidó de vivir.

Se había olvidado de tantas cosas. De las pequeñas y simples.

Se olvido de lo que era el amor.

Se había olvidado de reír. Se había resignado a no ser feliz.

Pensó en las princesas de los cuentos. En los príncipes al rescate.

Soñó con tierras lejanas que no estaban tan lejos.

Soñó con besos que la despertaran. Besos que la consolaran.

 Al final ella se despertó sola.

El hechizo se rompió con una traición. Aquella traición que fue un golpe que la dejo en el suelo.

Fue un golpe duro y le causo mucho dolor.

No lloro y en el silencio encontró un refugio.

Desde el suelo miro al cielo y sonrió.

“Vas a salvarte sola”. Le dijo una voz que venía desde el interior.

Hizo un nudo en el corazón, para que nadie pudiera romperlo otra vez.

La reina se puso de pie y se escapó del palacio que fue su prisión.

Aprendió que se nace todo los días, que se muere todos los días.

Y lo que ayer fuera dolor hoy solo es una broma que por las noches la hace reír.

La reina de la más bella sonrisa. De aquel palacio vacío se escapó.


Para MRN

domingo, 5 de abril de 2020

Beibi Pecas y el largo camino para no regresar a casa nunca jamás





Aquella noche cuando te conoció. Ella te bautizó como Beibi Pecas, y vos te olvidaste de cualquier otro nombre.
Venías mirando el suelo frió, triste y mojado. Soñando con no llegar a tu casa. Fue ahí cuando miraste las estrellas y la viste. Ella bajó del cielo y la conociste por primera vez aquella noche. Vos y tu soledad la abrazaron y no quisieron soltarla nunca más.
Ella toma tu mano con ternura, y vos que sos todo nervios, vas un poquito más despacio. Cruzaron un puente, al costado hay un río y de frente esa gente que solo vive de lo que hacen los demás.
Ya no les das importancia. Ella te acaricia con un dedo la palma de la mano, te hace reír y se te arruga  la nariz con ternura.
Caminaron por el puente sin prisa. Ella te prometió ir a ninguna parte, no llegar a ningún lugar.
Cuando llegaron al final del puente, en tu rostro se puede ver tristeza. Ella lo sabe. 
Ella empieza a cantar una canción al revés y te hace volver sobre tus pasos. Van en reversa y la gente esa también. Todo empieza de nuevo. Se vuelven a conocer.
Van y vuelven por aquel puente. Ella sostiene tu mano y canta una canción al revés cuando llegan al final. Abajo se escucha el murmullo del río que vuelve a las montañas. El piso empieza secarse. La lluvia vuelve al cielo.
Algunas personas pasan y miran. Son las mismas personas. Las mismas caras.
Ella te dice que le pidas un deseo y solo queres ir y volver una vez mas.
Ella canta una canción al revés y se vuelven a conocer.
Sabes que si llegas tarde la vas a pasar mal. Pero ahora no te importa.
Porque ahora, justo ahora sos feliz.




Ella y Beibi Pecas todavía tienen mucho por cantar...






domingo, 8 de marzo de 2020

La cura





Tus besos me curaron del coronavirus.
Un médico me dijo que tenía los síntomas mortales. Lo dijo ni bien me vio y me pidió que no salga de casa.
En la televisión solo se hablaba de la terrible enfermedad.
Las autoridades decían que lo mejor era evitar el contacto con otras personas.
En las calles se sentía olor a alcohol en gel y ya no se podían ver rostros sin mascarillas.
"Hay que evitar el contacto humano". Eso decían.
Igual me besaste apenas nos vimos, haciendo caso omiso a las advertencias de la nueva ley.
Bruja caprichosa de magia cariñosa. Vos tenías el don.
No le dije a nadie y es que nadie me  iba a creer.

Que tus besos me curaron el alma y el corazón.


Ya lo sabes-Las Pelotas 









domingo, 15 de diciembre de 2019

La canción de Hermes


Hermes era el autor de la canción de la que todo el mundo hablaba. La canción de Hermes era sin discusión la canción mas escuchada del año y prometía convertirse en un clásico que iba a ser escuchado por siempre. 
Aquella canción que él había escrito en una cabaña alejada de la ciudad.
La cabaña que aun guardaba su secreto.
Lo comparaban con Mozart en las partes en donde se sentaba a tocar el piano y la canción hacia poner la piel de gallina. Decían que la canción estaba a la altura de Bohemia Rhapsody. En algunos lados comparaban el solo de guitarra con el de November Rain, y en la mayoría de los casos los expertos coincidían en que la canción creada por Hermes era superior. Decía una parte del estribillo "Mis manos manchadas de sangre, tu sangre, amor mío. Voy a confesar, yo te mate. Nada volverá a ser lo mismo, amor mío. Nada. Nunca mas". La cantaban en todos lados. Los intelectuales volaban con aquella frase, y le daban vuelta buscando el verdadero significado. Que si hablaba de la inocencia perdida. De la guerra en el mundo, o de alguien que quería salir de la opresión, de la rutina y liberarse de todo.
No se ponían de acuerdo y Hermes prefería no revelar el verdadero significado.
Hermes ahora era el músico más popular del mundo.
Número uno en YouTube, Spotify o cualquier radio de las que todavía pasaban música. Viajaba por el mundo. Hoteles lujosos. Millones de dólares en su cuenta del banco. Mujeres, alcohol, drogas. Todos los vicios con los que había soñado. Cuando solo era un muchachito de un humilde barrio y estaba aprendiendo a tocar el piano que había heredado de su padre. Ahora tenía el mundo a sus pies.
Había sido un año glorioso y lo había terminado con una fiesta en donde no faltaron los personajes mas famosos de la farándula y las modelos mas bellas del país. Aquella noche canto su canción para aquel exclusivo público que lloro emocionado.
En algún momento de la noche Hermes encontró el momento para escaparse. En su lujoso auto se puso a manejar hasta la cabaña donde había escrito su canción. Alguien lo acompañaba. Mientras manejaba seguía bebiendo y su acompañante hablaba emocionado de finalmente haberlo conocido.
Hermes lo miraba satisfecho. Sabia que estaba antes su próximo éxito.

«Ahora en mí vieja cabaña, un hombre se desangra. Hicimos el amor y le dije que se iba a convertir en mí próximo éxito. No dudo en ponerse la pistola en la cabeza, pero le dije que no podía ser así. Tengo que ser yo el que tire del gatillo. Me dio un beso en los labios y cerró los ojos mientras le disparaba en medio de la frente y sus sesos se desparramaban en mí piano. En estos momentos trabajo en el estribillo. Miro sus sesos en mí piano. Miro su cuerpo desnudo y muerto. Pienso... ¿Qué rima con sesos?»




lunes, 29 de julio de 2019

Aquel cielo celoso





Había empezado a llover, yo buscaba una estrella en el cielo. Esa que siempre me guiaba hasta tu habitación. Miraba millones de gotas brillar e interponerse en mí búsqueda.

En una pequeña ciudad al norte, miraba la lluvia y te buscaba. Estabas tan cerca.
Tan cerca.
Millones de gotas brillaban con las luces de la calle, y tu nombre se dibujaba frente a mí.

Aquel cielo celoso te quería ocultar, pero mi corazón te encontraba siempre. Aun con la lluvia y los relámpagos. Aún si hubiera sido el fin del mundo y todo se hubiera inundado. 
Mi corazón siempre te encontraba.

domingo, 2 de junio de 2019

Sola - Pequeño Relato



El cielo esta blanco y desde el cielo caen unas gotas. Una brisa se cuela por tu ventana y sacude tu fino vestido que parece ser parte de tu piel. 
Afuera en la calle hace frió. Autos apurados por llegar a ningún lugar. 
Gente que viene y va. 
Falta poco para la medianoche. Desde el balcón contemplas la ciudad. 
La desprecias. Te da asco.
En tu lujoso departamento miras con desdén a la gente. 
En la cima del edificio. 
Para mirarte tienen que levantar la cabeza. Todo está por debajo de vos.  
Esperas a alguien. Miras el reloj. Sabes que no va a venir. 
Lo esperas de todas formas.
Lo crees incapaz de desobedecerte. Como si él fuera igual al resto. 
Entras en tu departamento. Estas sola. 
Es un palacio. Mucho derroche y pompa. 
Todo el lujo que nadie mas podría tener. 
Miras el reloj. Ya paso la medianoche. 
Podrías estar en La Ciel de Paris, podrías estar en cualquier lugar del mundo. Podrías tener al hombre que quisieras. Con solo pedirlo, con solo tocar la pantalla tactil de tu celular.
Manejas al mundo con aquel pequeño aparato.
Entras a tu departamento. Te desnudas.
Pensas en el. Todavia lo esperas.
Te servís un poco de vino. Tu mano tiembla. Esa extraña sensación de no tener lo que queres, una sensación desconocida. 
No la soportas.
Tomas una copa y otra más. El reloj sigue su marcha. Te sentís mareada. Pensas en él y arrojas la copa contra la pared. 
Una mancha roja queda en la blanca pared. Como sangre. 
Caes al piso y lloras.
Por él.
 Ese torpe amante que te dio el más elegante amor. 
En tu lujoso departamento estas sola. 
Sola con tu orgullo. Sola con todo tu lujo.
Sola sin él. 
Sola por él.





lunes, 6 de mayo de 2019

Musica





—Disculpe, doc.
El doctor se dio vuelta y la miro.
—¿Puede poner música? —pregunto ella acostada en la camilla.
—¿Como? — pregunto el doctor.
—Tengo un poco de miedo. ¿Puede poner música?
El doctor hizo una mueca, miro alrededor del quirófano donde otras personas pronto iban a ser operadas, reinaba un silencio absoluto.
El doctor soltó un suspiro.
—Si me llegan a retar te mando al frente —le susurro él.
—Bueno —dijo ella sonriendo.
El doctor se perdió uno segundos y volvió con su celular, toco la pantalla táctil y empezó a sonar una canción.
Eran los minutos previos a ser operada, no era su primera vez, ya había estado en aquella situación otras dos veces. Detrás de la puerta la esperaba su marido y unos parientes, pero ella estaba ahí sola y no podía evitar los nervios.

La canción que sonó, no pudo recordarla después cuando intento contarle el momento a su marido. Pero la calmo, ella la conocía y la tarareo hasta que después se perdió en el sueño artificial de la anestesia.

 







Esto fue algo que paso y me lo contó mi mujer, mientras ella esperaba a dar a luz a mi hija Olivia. Yo trate de guardar ese pequeño instante que me pareció mágico en un texto.