De Letras Mágicas es un blog de cuentos, relatos y pequeñas historias que quedaron abandonadas por ahí. Perdidas y olvidadas. Para leer de pasada. En un descuido. En el colectivo de vuelta a casa o mientras esperas el taxi. Si andas con algo de tiempo y ganas de leer. Te invito a visitar De Letras Mágicas.

miércoles, 7 de septiembre de 2022

Todas las lunas en el cielo

Acerque una silla a la ventana, tenía en la mano un vaso de vidrio con Pepsi. Hace mucho que no sale la luna, le dije a Sofia que estaba sentada en el sofá mirando el celular. ¿Qué? Me pregunto sin prestarme mucha atención.

Ya se había hecho de noche y había puesto en la televisión una película que pasaban siempre a esa hora. Una comedia de Adam Sandler. Que la luna hace mucho no sale, insistí. ¿Quién dice? Sofia seguia sin sacar los ojos del celular. Lo digo yo. Que miro al cielo y no la veo hace mucho. Ella escribía algo en el celular. Estarás viendo mal. Creo que el otro dia la vi. Me dijo. Todavía sin creerme, ni mirarme. No, no. No sale hace mucho. Insisti una vez mas.

Seguí mirando en el cielo, buscando la luna que no estaba.

El cielo estaba limpio y se podían ver millones de estrellas en aquella noche de otoño. Me levanté de la silla y salí un rato a la calle. Aproveche para prender un cigarrillo. A Sofia no le gustaba que fume en la casa. Me quede mirando el cielo, buscando la luna. No había gente en la calle. Uno que otro auto pasaba. Un perro arrastraba una bolsa de basura. Corría un pequeña y fría brisa, pero yo estaba de remera. Cuando me convencí de que la luna no estaba y después de terminar el cigarrillo volví a entrar a la casa.

¿En la tele dijeron algo? Hubieran dicho algo si no estaría la luna en el cielo, dijo Sofia cuando entre a la casa y me volví a sentar junto a la ventana. No, nadie dice nada. Seguía con el celular en la mano, la televisión seguía prendida, pero nadie le prestaba atención. En los canales de noticia tampoco decían nada. Algo hubieran dicho. Sería tendencia. Sofia me mostro la pantalla del celular y las diez principales tendencias en Twitter. No había ninguna mención. Debe ser que nadie se da cuenta. Mira el cielo. No esta. Sofia no hizo ni el intento de levantarse a mirar por la ventana. ¿Y vos como te diste cuenta? ¿Desde cuando miras tanto el cielo? Me pregunto. Mi celular. Se rompió. Te dije. Hace como una semana. Sofia dejo de mirar la pantalla de su celular. Me miro como si le hubiera dicho que me había contagiado de Covid-19. Hace mucho que no miraba al cielo. Le dije a Sofia. Y ya nadie hace eso. Hay una app que te pone el cielo en tiempo real y en HD. Sofia entro en la tienda de aplicaciones del celular y empezó a descargarse la app que mostraba el cielo en tiempo real y en HD. Seguí mirando al cielo con mis propios ojos y en lo que yo consideraba en tiempo real.

Durante toda la semana. Volviendo del trabajo me sentaba en la misma silla a mirar el cielo. Las luces de la calle estaban quemadas y de la municipalidad habían dicho que pronto iban a ir cambiarlas. Pronto podía ser mañana, pasado o en el próximo milenio. No me queje. En aquella oscuridad el cielo se podía ver con total claridad.

Un día me senté y cuando levante la cabeza para ver el cielo, casi me caigo de la silla. Trate de mantener la compostura. De no gritar. No podía creer lo que estaba viendo. Sofia había salido de la ducha y se sentó en el sofá como todas la noches a no ver la televisión y mirar el celular. Ya aparecieron. Le dije. Tenía puesto una remera de los Rolling Stone que antes era mía y ahora la usaba como pijamas. ¿Quiénes? Me dijo ella. Todas las lunas en el cielo.

Volví a mirar hacia afuera. En el cielo no había una luna.

Eran cientos de lunas todas iguales de brillantes y hermosas.

Lunas en todas sus fases. Lunas llenas y menguantes. Cuarto crecientes. Lunas nuevas. Lunas que parecían traídas de otras galaxias. De cuentos de hadas. De películas de ciencia ficción. Lunas que parecían ser rostros y que ahora miraban a la tierra con curiosidad. Lunas que parecía que uno podía tocar con solo estirar la mano.

Bueno, ahora me fijo en la app. ¿Ya te devolvieron tu celular? Sofia ni siquiera me miro. Sonrió cuando en la película alguien se caía. Me parece que era la misma película de Adam Sandler que daban todas las noches. Me lo entregan esta semana, ¿puedo ver esa app? Sofia hizo un gesto de fastidio. Busco entre cientos de aplicaciones inútiles que tenía en el celular. Hubo que esperar un rato hasta que paso algo de publicidad y me enseño una imagen del cielo en tiempo real y en HD según anunciaban. "El cielo de tu barrio". Se llamaba la dichosa aplicación. Mire un rato mientras Sofia sostenía el celular frente a mis ojos. En la aplicación solo se podía ver una luna. Una luna vieja y apagada.

No me entregaron el celular esa semana. Faltaba un repuesto que tenían que pedir y traer. No me queje tampoco. Mientras volvía a casa podía ver en el cielo las cientos de lunas. Se podian ver aún durante el día. Caminaba a casa mirando al cielo y tenía ganas de gritarle a la gente que mirara hacia arriba un ratito nada más. Pero no había caso. Las tendencias en las redes sociales cambiaban cada dos por tres y nadie se quería perder nada.

Pensaba en todas las canciones que nadie escribía. En la pinturas que alguien no pintaba sobre aquel cielo y sus lunas. En los cuentos que nadie contaba. En los amantes que hubieran podido bajar la luna que tanto prometían.

A lo mejor ahora se podía. Pensaba en todo eso que alguien con talento hubiera podido hacer y en la desgracia cósmica que sea yo y mi falta de capacidad el único testigo de aquello.

Cuando llegue a mi casa aún no se había hecho de noche. En aquella hermosa tarde de otoño, se podían ver en el cielo todas las lunas. Una por cada noche que no había salido. Una por cada uno que las había ignorado. Lunas que ahora posaban en el cielo sin esconder su belleza. Que salían a jugar como niños en un parque. Me acorde que mañana iba a estar listo mi celular.

Prendí un cigarrillo mientras Sofia se reía mirando no sé qué en su celular.

Empecé a despedirme de todas las lunas en el cielo.



Foto de Sebastian Schachtel

lunes, 31 de enero de 2022

Cómo siempre que llueve en enero



El planeta vuelve a dar una vuelta. Un año más.

Fue una vuelta a la manzana.

Y estamos de nuevo en ese día.

Este día.

Te pones triste. Otra vuelta y es el mismo día. 

El universo que te hace sentir pequeña. Pasan estrellas fugaces iluminando el cielo infinito. Millones de estrellas bailan en la noche que es tan breve. 

El sol brilla durante el día y después todo se apaga. La calma vuelve. Pronto va a amanecer. También es de noche. La luna en silencio se pierde entre unas nubes. Todo eso pasa lejos. Lejos. Donde todo es infinito. Dónde el universo no se termina. Dónde explotan estrellas. Donde todo desaparece.

Dónde nace todo de nuevo.

Hoy el cielo esta gris. En algún lugar alguien te mira. Te cuida. Mientras la vida sigue su interminable carrera. Arrastras tu cuerpo. La vieja rutina. Dejas que tu cuerpo vaya solo.

Como un cometa que se soltó de la mano de un niño. Que se va con el viento.

Hoy no estás en esta tierra. Estás lejos. Lo buscas. Estás con él. A su lado.

Te sentas a tomar unos mates y se empieza a hacer de noche.

Hablas con él.

Sos una niña. Una adolescente. Sos una mujer.

Contentes las lágrimas. No querés que te vea llorar. Cerras los ojos para esconderte.

Él te mira. Solo te mira.

No vas a decirle que todavía duele su ausencia. Duele hoy un poco más. Duele pensar en el olvido.

Miras al cielo y repetis que no vas a decirle adiós nunca.

Millones de estrellas hacen de testigo mientras lo juras en silencio.

Lo pones al día. Cada año hay mucho más por contar.

De lo bueno a lo malo.

De lo perdido y lo encontrado.

Le decis que aprendiste a no tener miedo y en el camino a casa te hiciste más fuerte.

Qué gritas goles por él.

Ahora querés decirle que se quede. Un ratito más. En este momento.

Que la vida se quede justo aquí.

No querés dejar de ser una niña, él te da la mano. Los años pasan. La vida sigue.

Afuera unas gotas de lluvia caen. Cómo siempre que llueve en enero. Cómo siempre llueve desde que ya no está. Enero de un verano que no deja de llover.

Que no deja de llorar.

Y el cielo llora con vos. Y te protege.

Millones de gotas de agua cubren tu rostro y borran las lágrimas.

Porque no querés que te vea llorar. Porque no querés que nadie sepa que vos también lloras.

Duele enero. Duele este día, pero va a pasar. Ya vas a ver cómo mañana sale el sol y en el cielo esa estrella que es tuya te va a iluminar.

En el silencio de la noche. Se escucha tu corazón latir. Algo golpea desde adentro. Millones de emociones, millones de estrellas. Azul el cielo y una estrella en tu pecho. Tu estrella.

Iluminando cuando todo se pone oscuro.

Afuera sigue lloviendo. Miras la lluvia. La escuchas caer y convertirse en una melodía que calma el corazón.

Enero siempre te va a doler. Igual lo esperas.

Cerras los ojos y pasó otro año.

Ahora ya se hizo de noche. Vas a darle un beso antes de dormir. Justo ahí en el cielo.



Para G.








viernes, 26 de noviembre de 2021

China

 


 

La China se va para el centro. Todos se están yendo. Ella vuelve. Ella se va. Ella se queda. 

 Va pisando con suavidad, se va lejos. Va pisando con fuerza. Anda cerca.

 Gente que se va. Gente que viene.

La China los ve llegar. Los ve irse. Van apurando el paso. Pasan mirando el suelo. Pasan de la mano. Alguno la miran, pero la China sigue yendo. Adonde sea que vaya. Si es que va a algún lado. Tal vez está llegando a tiempo o está llegando tarde. Nadie se lo va a reprochar. Nadie le va a preguntar. Adonde va, ni de dónde viene.

La China se va. Se va sin prisa. No teme ir lento, solo de detenerse.

La China sigue. Para ella están llegando. Para ella se están yendo.

Motos. Colectivos. Taxis compartidos. Taxis amarillos. Remises. Todo esos vehículos ruidosos que hay en cualquier ciudad. Que llevan y traen a la gente y que la China nunca usaría, le basta con sus patas para ir y venir.

Ahora espera paciente a que el semáforo pase a color rojo. Mira de reojo a un costado y cruza la calle. Se refugia en algún negocio cuando empieza a llover.

Chicos que salen de la escuela la saludan. La gente que sale del trabajo. Suena alguna radio de esas que pasan música de los ochenta. Pasajeros que la miran con curiosidad. Atraviesa a paso lento el puente. Abajo está el río Xibi-Xibi. Arriba el cielo a punto de llover.

La China se toma una pausa. Se tira de espaldas en el piso y da vueltas. Juguetea en las calles, mientras pasa gente mirando la pantalla de su celular. La China se detiene a disfrutar de esos pequeños momentos lejos de la vida virtual.

A lo lejos algunas personas la reconocen.

La China paseando. Panzona y coqueta. Pensante y lenta. Mueve la cola cuando se acercan a saludarla. Ajena a su propia fama. La China es esa influencer sin celular, ni redes sociales.

Camina sin prisa. No va a ningún lugar. Disfruta del paisaje en tiempo real. Del aire puro que llega desde los cerros. Del sonido del río que alimenta el tiempo. Carga con el sol sobre el lomo. La luna la sigue adonde sea que vaya. Nadie sabe. Nadie le pregunta. La China anda sin barbijo. Ni permiso de circulación. Pero es esencial para la pequeña ciudad que le sonríe cuando la ve pasar.

 


 

 

 

 

 

 

domingo, 11 de abril de 2021

Viajera del futuro




Me dijo que venía del futuro. Un futuro donde el contacto humano ya no existía. Eso me dijo después de que intente estrechar su mano como saludo y me rechazo con algo de torpeza.

Recién salía del trabajo y me la encontré en una plaza que había cerca de mi casa.  Se puso delante mío y tal vez usando algún artilugio del futuro, me obligo a quedarme con ella. Tal vez solo fue su perfume. Ange Ou Demon el mismo que usabas vos.

Tenía puesto un enorme casco plateado que parecía una de esas bolas de espejos que hay en hay en los boliches.

Su cuerpo parecía pintado de plateado, ella me dijo que era un traje. A mi parecía que era pintura. Lo pensé al ver sus pechos accidentalmente. 

Este traje resiste los viajes en el tiempo. 

Eso me dijo la viajera del futuro. La mire con detenimiento buscando algún cierre o botón, y en su piel plateada se podían ver pequeños vellos. 

Este traje plateado refleja la luz de la luna y me camufla. Me dijo.

En las noches de luna llena era invisible. Justo ahora unas nubes se habían devorado a la luna de un bocado. Así que podía verla y sentir el calor de su piel traje cerca de mí.

En pocas palabras me dijo que venía del futuro. Que no podía decir más de 120 palabras por día. Y que si lo hacía recibía una descarga eléctrica que causaba mucho dolor. Justo en la espalda tenía un chip que la conectaba con el mundo futuro y la reprimía. Me mostro en el cuello una de esas marcas que recibía como castigo y para mi más que descargas eran las mordidas de un vampiro.

En el futuro la vida virtual es la única vida y el contacto humano ya no existe. 

No por una prohibición del gobierno, sino porque ya no tenía sentido. 

Aquella había sido una auto imposición de la gente que ya no podía despegarse de las pantallas.

Le pregunte un poco más sobre el futuro.

No hace falta saber de dónde vengo, pronto vas a estar ahí. Lo único que importa es mi misión. Me dijo, además, ya no le quedaban palabras, ni tiempo.

La vida pasaba antes sus ojos en aquel enorme casco que tenía prohibido quitarse. Aunque ahora iba a quitárselo frente a mi poniendo en riesgo su vida.

Se había escapado por qué quería sentir el contacto humano. Y me preguntó que se sentía besar. Y justo me pregunto a mí que hace tiempo tampoco lo sentía. De alguna manera sentí la misma curiosidad que ella.

La invite a mi casa. Le dije que estaban por dar una de Tarantino en la televisión. Creo que también me quedaba media botella de un Malbec en la heladera.

Movió la cabeza hacia los lados y recordándome que no tenía tiempo. 

Luego hizo un mohín con los labios insistiendo en que solo quería un beso.

Un beso. Y me lo venia pedir a mí que aun sentía tus labios quemarme.

Dolidos por tu ausencia, la distancia y el tiempo. 

Viajera del futuro. Brillando como la luna. Estabas cerca mío, pero tu corazón a miles de kilómetros, pronto partirías y solo tenía tiempo para darte un beso. ¿Podría en un solo beso darte lo que buscabas?

Lo que habías venido a buscar tan lejos y arriesgando tanto.

En el cielo las nubes empezaban a regurgitar a la luna.

Ella se acercó y se puso justo frente a mí. Se quito el casco y su belleza plateada se fundió en mi cuerpo. Como la luz de luna que se funde en un lago y se hacen uno. Como plata liquida, hervida y vertida en mi corazón.

Por unos instantes fui parte de aquel futuro lejano y también de este presente igual de lejano para mí.

Mis manos instintivamente se colocaron en su cintura.

Sentí su piel o su traje. Ya no supe distinguir nada más.

Nos miramos a los ojos. Le pregunte su nombre y me reprobó con su mirada.

Ya sé, ya se. No hay tiempo. 

Le di el peor beso del mundo, pero le di el mejor beso que pude haber dado en todos mis años de derrotas amorosas y si por mi hubiera sido. Aquel hubiera sido el último beso que hubiera dado en mi vida.

Ella tenía los ojos cerrados, y cuando los abrió miro hacia el cielo. Miro la luna.

No dijo nada. Tal vez ya había superado sus 120 palabras y no quería sufrir una descarga eléctrica.

La luna ahora era libre y su brillo impacto en el traje de la viajera del futuro que de a poco fue empezando a desaparecer. 

Pude ver por última vez sus ojos. Vi un poco de tristeza. Pero una pequeña sonrisa se dibujaba en su rostro. Estoy seguro de que sonrió y fue la última vez que la vi.

Viajera del futuro. No querías vivir en el futuro. Buscaste un presente en el pasado. Se que no era lo que buscabas. Mis labios no eran los que buscabas.  Pero nos encontramos. Como se encuentran dos labios bajo la luna y se besan.

Me fui a casa ver la película de Tarantino y me terminé la media botella de Malbec. Mientras miraba la luna por la ventana y pensaba en el futuro.




El dibujo es del Dr. Vasco. Con sus tintas y magia le dieron vida a la viajera del futuro.








 




martes, 30 de marzo de 2021

La otra vos

 

La otra vos. Es la que me llama con dulce voz y me promete el cielo con las nubes. La lluvia y millones de gotas para calmar mi sed. Me promete el sol y todo lo que hay mas allá. Mucho más allá.

La otra vos aparece cuando todo se van. Cuando nadie mira. Se me acerca y me habla con ternura. Me hace reír y calma todos los dolores del mundo. La otra vos es esa preciosa canción oculta.

La otra vos solo la conozco yo. Se oculta de ojos y voces.

Se aleja cuando todos hablan y se quejan. Cuando se alteran y putean. La otra vos esta limpia de todo mal y rencor.

Me pide un poco y le doy todo lo que tengo. Lo que no tengo y lo que debo. Me da la mano y me lleva a un costado. Ahí somos felices. Me abraza con suavidad. Me acurruca y me acaricia. 

Me convierte en su secreto. Me guarda en su corazón.

Me roba un beso cuando nadie nos ve. La otra vos es solo mía.

La otra vos solo quiere lo que yo quiero. Y yo solo te quiero a vos.













miércoles, 13 de enero de 2021

Viejas tardes de futbol




Viejas tardes de fútbol. Como ayer. Tardes de fútbol. Hoy. Con Felipe. Mi hijo. Nueve años y monedas. Lo miro. Me veo a mí. Con esa edad. Con esa inocencia. Lo veo a él, me veo a mí.

Veo mí rostro en el reflejo del agua mientras le doy un trago.

Pienso en mis años. En los que tengo. Los que dice que tengo el documento.

Pienso en los años. En el tiempo. Ese viejo soberbio al que nadie puede derrotar. El viejo tiempo, con cara sobradora me dice que ya no soy ese niño.

Y estoy ahí. Pisando una cancha de fútbol. Siento el olor a tierra y pasto. Siento el viento y el sol en la cara transpirada. Me pongo a correr detrás de la pelota. Tiró unos pases con mí pequeño. Corremos. Reímos. Gritamos goles creyendo que estamos en el estadio Azteca. Estamos agitados. Nos refrescamos.

Volvemos a correr detrás de la pelotas. No recuerdo a mi viejo yendo a jugar conmigo. No, no lo culpo de nada. A mi viejo lo quiero. Mucho. Quizás mi hijo alguna vez piense en este día. Quizás lo sienta de la misma manera. Quizás lo recuerde con el mismo cariño. Seguimos corriendo un rato. Nos reímos. Nos abrazamos. Nos vamos a casa.

Pienso en mis años. Pienso en el viejo tiempo. No importa lo que diga, ni lo que diga el documento. Ahí en la cancha sigo siendo ese niño. Por siempre.

Siempre que la pelota siga rodando.





 



miércoles, 9 de septiembre de 2020

La reina en el palacio vacio

 

Escuchaba sus pasos mientras caminaba. Podía escuchar su respiración.

Todo estaba en silencio. Un silencio que la asusto.

Hace rato que venía arrastrando el alma. La arrastraba por su palacio. Se puso a buscar. No había nadie. Se habían ido.

Se habían olvidado de ella.

La hermosa reina en su palacio se sintió triste. Así que se durmió. Por minutos que fueron horas. Por años que fueron siglos. Cerro los ojos y se durmió para no despertar y dejar de estar sola.

Y el palacio fue una prisión.

La reina fue presa de un hechizo que la mantuvo cautiva en una rutina divina. En aquel palacio se olvidó de vivir.

Se había olvidado de tantas cosas. De las pequeñas y simples.

Se olvido de lo que era el amor.

Se había olvidado de reír. Se había resignado a no ser feliz.

Pensó en las princesas de los cuentos. En los príncipes al rescate.

Soñó con tierras lejanas que no estaban tan lejos.

Soñó con besos que la despertaran. Besos que la consolaran.

 Al final ella se despertó sola.

El hechizo se rompió con una traición. Aquella traición que fue un golpe que la dejo en el suelo.

Fue un golpe duro y le causo mucho dolor.

No lloro y en el silencio encontró un refugio.

Desde el suelo miro al cielo y sonrió.

“Vas a salvarte sola”. Le dijo una voz que venía desde el interior.

Hizo un nudo en el corazón, para que nadie pudiera romperlo otra vez.

La reina se puso de pie y se escapó del palacio que fue su prisión.

Aprendió que se nace todo los días, que se muere todos los días.

Y lo que ayer fuera dolor hoy solo es una broma que por las noches la hace reír.

La reina de la más bella sonrisa. De aquel palacio vacío se escapó.


Para MRN

domingo, 5 de abril de 2020

Beibi Pecas y el largo camino para no regresar a casa nunca jamás





Aquella noche cuando te conoció. Ella te bautizó como Beibi Pecas, y vos te olvidaste de cualquier otro nombre.
Venías mirando el suelo frió, triste y mojado. Soñando con no llegar a tu casa. Fue ahí cuando miraste las estrellas y la viste. Ella bajó del cielo y la conociste por primera vez aquella noche. Vos y tu soledad la abrazaron y no quisieron soltarla nunca más.
Ella toma tu mano con ternura, y vos que sos todo nervios, vas un poquito más despacio. Cruzaron un puente, al costado hay un río y de frente esa gente que solo vive de lo que hacen los demás.
Ya no les das importancia. Ella te acaricia con un dedo la palma de la mano, te hace reír y se te arruga  la nariz con ternura.
Caminaron por el puente sin prisa. Ella te prometió ir a ninguna parte, no llegar a ningún lugar.
Cuando llegaron al final del puente, en tu rostro se puede ver tristeza. Ella lo sabe. 
Ella empieza a cantar una canción al revés y te hace volver sobre tus pasos. Van en reversa y la gente esa también. Todo empieza de nuevo. Se vuelven a conocer.
Van y vuelven por aquel puente. Ella sostiene tu mano y canta una canción al revés cuando llegan al final. Abajo se escucha el murmullo del río que vuelve a las montañas. El piso empieza secarse. La lluvia vuelve al cielo.
Algunas personas pasan y miran. Son las mismas personas. Las mismas caras.
Ella te dice que le pidas un deseo y solo queres ir y volver una vez mas.
Ella canta una canción al revés y se vuelven a conocer.
Sabes que si llegas tarde la vas a pasar mal. Pero ahora no te importa.
Porque ahora, justo ahora sos feliz.




Ella y Beibi Pecas todavía tienen mucho por cantar...






domingo, 8 de marzo de 2020

La cura





Tus besos me curaron del coronavirus.
Un médico me dijo que tenía los síntomas mortales. Lo dijo ni bien me vio y me pidió que no salga de casa.
En la televisión solo se hablaba de la terrible enfermedad.
Las autoridades decían que lo mejor era evitar el contacto con otras personas.
En las calles se sentía olor a alcohol en gel y ya no se podían ver rostros sin mascarillas.
"Hay que evitar el contacto humano". Eso decían.
Igual me besaste apenas nos vimos, haciendo caso omiso a las advertencias de la nueva ley.
Bruja caprichosa de magia cariñosa. Vos tenías el don.
No le dije a nadie y es que nadie me  iba a creer.

Que tus besos me curaron el alma y el corazón.


Ya lo sabes-Las Pelotas 









domingo, 15 de diciembre de 2019

La canción de Hermes


Hermes era el autor de la canción de la que todo el mundo hablaba. La canción de Hermes era sin discusión la canción mas escuchada del año y prometía convertirse en un clásico que iba a ser escuchado por siempre. 
Aquella canción que él había escrito en una cabaña alejada de la ciudad.
La cabaña que aun guardaba su secreto.
Lo comparaban con Mozart en las partes en donde se sentaba a tocar el piano y la canción hacia poner la piel de gallina. Decían que la canción estaba a la altura de Bohemia Rhapsody. En algunos lados comparaban el solo de guitarra con el de November Rain, y en la mayoría de los casos los expertos coincidían en que la canción creada por Hermes era superior. Decía una parte del estribillo "Mis manos manchadas de sangre, tu sangre, amor mío. Voy a confesar, yo te mate. Nada volverá a ser lo mismo, amor mío. Nada. Nunca mas". La cantaban en todos lados. Los intelectuales volaban con aquella frase, y le daban vuelta buscando el verdadero significado. Que si hablaba de la inocencia perdida. De la guerra en el mundo, o de alguien que quería salir de la opresión, de la rutina y liberarse de todo.
No se ponían de acuerdo y Hermes prefería no revelar el verdadero significado.
Hermes ahora era el músico más popular del mundo.
Número uno en YouTube, Spotify o cualquier radio de las que todavía pasaban música. Viajaba por el mundo. Hoteles lujosos. Millones de dólares en su cuenta del banco. Mujeres, alcohol, drogas. Todos los vicios con los que había soñado. Cuando solo era un muchachito de un humilde barrio y estaba aprendiendo a tocar el piano que había heredado de su padre. Ahora tenía el mundo a sus pies.
Había sido un año glorioso y lo había terminado con una fiesta en donde no faltaron los personajes mas famosos de la farándula y las modelos mas bellas del país. Aquella noche canto su canción para aquel exclusivo público que lloro emocionado.
En algún momento de la noche Hermes encontró el momento para escaparse. En su lujoso auto se puso a manejar hasta la cabaña donde había escrito su canción. Alguien lo acompañaba. Mientras manejaba seguía bebiendo y su acompañante hablaba emocionado de finalmente haberlo conocido.
Hermes lo miraba satisfecho. Sabia que estaba antes su próximo éxito.

«Ahora en mí vieja cabaña, un hombre se desangra. Hicimos el amor y le dije que se iba a convertir en mí próximo éxito. No dudo en ponerse la pistola en la cabeza, pero le dije que no podía ser así. Tengo que ser yo el que tire del gatillo. Me dio un beso en los labios y cerró los ojos mientras le disparaba en medio de la frente y sus sesos se desparramaban en mí piano. En estos momentos trabajo en el estribillo. Miro sus sesos en mí piano. Miro su cuerpo desnudo y muerto. Pienso... ¿Qué rima con sesos?»